Artistas libaneses: que digan dónde están
Por
Cristina Civale
conexiones@claringlobal.com.ar
En la página web del pintor y muralista más
cotizado de Líbano, Joseph Matar , puede leerse en inglés
y en francés: "lamentamos informar que todos los pedidos
realizados después del 13 de julio debieron ser suspendidos
por las intervenciones del ejército israelí y Hezbolla".
A continuación se lee sólo en inglés "Help
Lebanon", palabras de un link que conducen a una página
donde se recolectan fondos para las víctimas del asedio
del ejército israelí que ya lleva más de
dos semanas.
Desde el comienzo de su carrera y después de su regreso
de Europa -donde se formó sucesivamente en Madrid, Roma
y París-, Joseph Matar, católico, nacido en 1935
en Ghadir-Jounieh , se dedicó por completo a pintar obras
centradas en temas de orden político y religioso. Las bombas
lo sorprendieron cuando emprendía la realización
un proyecto monumental que podría llegar a sobrepasar los
quinientos metros cuadrados. Se trata de una serie de doscientos
lienzos (de los que sesenta están ya acabados) que intentan
narrar la marcha de la humanidad: civilizaciones, progreso, tecnologías,
descubrimientos, grandes figuras y genios, leyendas y alegorías
donde se destaca el Gólgota, "el hombre crucificando a
su Creador". Quién sabe si Matar pueda terminar su proyecto
y qué habrá sido de él y sus sesenta cuadros.
Igual de incierto es el destino del vanguardista Camille
Allam nacido en Beirut en 1963, inhallable en su correo electrónico.
Inhallable en general. "Viviendo una parte del año en Deir
el Qamar y la otra parte en Beirut, decidí –contó
una vez- luego de un año de pensar profundamente y de discutir
con mi familia, en el medio de la guerra civil- que quería
ser pintor y escultor. Entonces en vez de tomar un arma e irme
con las milicias o de ir a la escuela de leyes, encontré
una piedra y empecé a esculpirla". Actualmente Allam es
un artista polifacético, un gran experimentador. Trabajó
con cobre y fue el primer libanés en experimentar con siliconas;
trabajó también con paja y piedra e incursionó
en la fotografía y en el arte digital. Es el fundador del
primer museo de marionetas del Líbano.
"Mi sueño es llegar a la luna e impregnar mis obras con
el polvo lunar", dijo poco antes de que las bombas partieran su
sueño y lo salpicaran de otro polvo menos gentil.
Marina Matar Chemaly , por su parte, es una fotógrafa
nacida en 1967, también en Beirut y educada entre Francia
y Líbano. Marina Chemaly se alza como una de las expresiones
más inquietantes de su generación. Es probable que
haya logrado huir a Francia, país que organizó una
de las salidas más rápidas y eficientes desde que
comenzó el exterminio. Marina forma parte del colegio de
arquitectos e ingenieros de Líbano, es miembro del club
Jazira y de la organización libanesa de lucha contra el
Sida. Una artista comprometida con su tiempo entre cuya obra sobresale
la impronta documental y el interés por los retratos.
Sólo tres ejemplos de vidas a la deriva, de obras en pausa;
como otras tantas miles que buscan refugio y claman por la paz .
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